Tengo que escribir pronto un post sobre el Canal de Panamá, aunque sea un tema de lo más manido. En este video, obviamente a cámara rápida, un barco cruza el Canal en los dos minutos que dura el video. Espero que os guste.
Tengo que escribir pronto un post sobre el Canal de Panamá, aunque sea un tema de lo más manido. En este video, obviamente a cámara rápida, un barco cruza el Canal en los dos minutos que dura el video. Espero que os guste.
Otro post italiano más. Este trata de un curioso experimento que se llevó a cabo en la Toscana del siglo XVII. En esta época la Toscana estaba regida por el Gran Duque Fernando II, Medici, (el retratado es él) biznieto de Lorenzo el Magnífico. Sin embargo, en el momento de la historia que nos ocupa, 1622, el Gran Duque tenía solamente doce años, por lo que era su madre, Magdalena de Austria quien detentaba el -exiguo- poder del Gran Ducado de la Toscana desde su puesto de regente.

Ahora cambiemos de tercio: pasemos a hablar de camellos y dromedarios. Lo primero es explicar las diferencias entre unos y otros. El camello (Camelus bactrianus), también conocido como camello asiático, tiene dos jorobas, mientras que el dromedario (Camelus dromedarius, en la imagen, tomada de aquí) tiene una sola joroba y se le conoce también por el nombre de camello arábigo. El dromedario es mucho menos peludo y robusto, y es bastante más grande que su primo de dos jorobas. El camello (asiático) es una especie en extinción por lo menos en estado salvaje, mientras que los dromedarios están muy lejos de la extinción, ya que además de no estar en absoluto amenazados en su hábitat primigenio (por llamarlo de alguna manera), que es Arabia, han sido exportados a otras latitudes como Australia, el Sahara, Canarias o la Toscana.
A Australia fueron llevados por los ingleses en los primeros tiempos de su colonización del continente, y cabe destacar que muchos de ellos han regresado a la vida salvaje. Digo regresado porque los dromedarios fueron animales salvajes hasta que fueron domesticados por el hombre en algún momento del tercer milenio antes de Cristo. A Canarias llegaron procedentes de Marruecos en el siglo XV, mientras que al Sahara occidental llegaron en la época romana, probablemente procedentes de Egipto. Poco a poco nos vamos acercando al tema del post de hoy: los dromedarios de Pisa.
Pisa fue una ciudad-estado muy próspera en el siglo XIII, rivalizando con otras potencias marítimas como Venecia o Génova. Siempre inmersa en guerras contra unos u otros, es derrotada de manera especialmente traumática por Génova, que arrasa su puerto, poniendo punto final a una de las cuatro famosas Republicas Marineras (Genova, Venecia, Pisa y Amalfi). La puntilla para Pisa vendría en 1406 cuando es ocupada por la potencia emergente en la Italia del siglo XV: Florencia. Es justo mencionar que el siglo de oro pisano dió al mundo una de las plazas (o campos) más brillante y conocida del mundo: el Campo dei Miracoli, donde conviven la famosa Torre Inclinada, la Catedral, un precioso Baptisterio y un singular Cementerio; todos ellos de visita obligada, por supuesto. En ese mismo siglo vivió y murió en Pisa un matemático llamado Leonardo de Pisa, pero conocido como Fibonacci. Estoy seguro de que la mayoría de los que hemos oído hablar de la sucesión de Fibonacci (o sufrirla como obvio ejemplo de recursividad en clases de programación) no la habíamos asociado con la ciudad de la Torre Pendente.
En las marismas de lo que antes era el puerto de Pisa se llevó a los dromedarios que al principio iban a servir como bestias de carga. Sin embargo, el proyecto fue abandonado al poco tiempo, y los dromedarios se fueron asilvestrando paulatinamente, hasta formar la única colonia de dromedarios salvajes en territorio europeo. En la Segunda Guerra Mundial se mató a muchos de ellos para poder comer su carne, pero no se exterminó completamente a la peculiar manada de dromedarios toscanos. En mi última visita a Italia tenía en la agenda comprobar in situ (o lo más cerca posible) la existencia de estos rumiantes, pero un fuerte resfriado me lo impidió. Si tengo otra oportunidad igual (y no me enfermo) prometo investigarlo y contarlo en este blog.
Por último, una curiosidad que no viene mucho a cuento: el Gran Duque de la Toscana en la época de esta historia, Fernando II Médici, se casó y tuvo dos hijos con Victoria della Rovere, descendiente de los Duques de Urbino, uno de los cuales, quizá el más famoso (gracias al excelente retrato de Piero della Francesca, que se muestra en la imagen) Federico III de Montefeltro, participó en la Conjura de los Pazzi en 1478, donde fue asesinado un hermano de Lorenzo el Magnífico (y éste libro la piel de milagro). La participación de Urbino en la Conjura no se ha sabido hasta el año 2004 cuando Marcello Simonetta, un investigador de la Wesleyan University, descifró el contenido de una carta del Duque de Urbino.

Cuando se visita una ciudad es frecuente encontrarse con el desagradable hecho de que algo que queremos visitar está cerrado, o cubierto por un andamio y no podemos visitarlo o hacer fotos. Sin embargo, hay cosas peores. Todos los que visitaron Venecia entre julio de 1902 y marzo de 1912 se encontraron que el Campanile de la Plaza de San Marcos ya no estaba.
Aparecieron unas grietas los primeros días de julio de 1902, y, aparentemente, nadie les hizo caso hasta que se cayó la torre el 14 de ese mismo mes. Los daños fueron relativamente pequeños (aparte de la destrucción de la propia torre): no hubo víctimas mortales, salvo un gato; quizá por lo intempestivo de la hora (6 de la madrugada) y de todos los edificios colindantes resultó dañada -y solo en parte- la Biblioteca. Esa misma tarde se aprobó la reconstrucción del Campanile, que no se completaría hasta diez años después, el 6 de marzo de 1912.
En muchos libros de Venecia aparece una foto (ver imagen, tomada de la Wikipedia, licencia CC) del Camapanile derrumbándose, y no se le puede negar cierto dramatismo. Sin embargo, es falsa. Una lástima. Tampoco he encontrado fotos de las ruinas del Campanile, ni de nada que haga relación a los diez años que no hubo Torre o estuvo imcompleta. Durante un reciente viaje por Italia he visto fotos, en los propios emplazamientos, de cementerios bombardeados (Pisa), iglesias inundadas (Florencia), pero no de las ruinas del Campanile más famoso de Venecia. Si alguien tiene más suerte que yo en esta búsqueda, le agradecería un enlace al respecto.
No era la primera vez que la Torre, o el Campanile, sufría daños del algún tipo, ya que en 1486 se incendió, al igual que en 1745, salvo que en esta última ocasión cayeron escombros sobre los viandantes de la plaza, matando a algunos de ellos. Como nota curiosa, hay muchos campanarios inclinados en Venecia, pero -yo creo- San Marcos no es uno de ellos. Por supuesto, ninguno llega a los 5,5º de la famosa “Torre Inclinada de Pisa”.
He encontrado una noticia sobre un refuerzo que se va a incorporar a los cimientos del Campanile, según parece por la reciente aparición de unas pequeñas grietas en los muros.
Para terminar, unos cuantos hechos curiosos sobre el Campanile (esta lista no pretende ser exhaustiva, ni mucho menos):
Espero que con este post y el anterior os hayan entrado ganas de ir a Venecia, tanto a los que habéis estado como a los que no.
Por cortesía de Riq, en este enlace hay fotos de las ruinas del Campanile.
El mito fundacional de Venecia cuenta que sus primeros pobladores se refugiaron allí de las invasiones bárbaras de los últimos tiempos del Imperio Romano de Occidente. Sin embargo, esto es inexacto. Es cierto que las sucesivas invasiones bárbaras condujeron a mucha gente a la Laguna de Venecia, pero sus primeros habitantes eran muy anteriores, quizá siete siglos anteriores.
No obstante, en los primeros tiempos de la historia (humana) de la Laguna la zona más densamente poblada no eran los alrededores de San Marcos, ni siquiera el Canareggio, sino una isla un poco al norte, hoy prácticamente deshabitada, llamada Torcello. Debo dejar claro que no estoy hablando de primitivos habitantes en cuevas o en chozas, pues llegaron a erigir una catedral, allá por el siglo VII, siguiendo los cánones de la época, al estilo bizantino. Esta iglesia se llama Santa María Asunta, es la que se muestra en la primera foto (sacada de la wikipedia, licencia CC), que contiene una serie de mosaicos de indudable interés, entre ellos uno sobre el Juicio Final, y que ha sido restaurada un par de veces a lo largo de la historia.
La decadencia de Torcello se fue haciendo más evidente (o quizá fuera su verdadera causa) con el auge de lo que hoy conocemos como Venecia: los barrios articulados en torno al Gran Canal (San Marcos, Canareggio, Castello, Dorsoduro, San Polo y Santa Croce). Hoy en día Torcello quizá sea la isla de la laguna menos visitada por turistas y viajeros, y viven en ella menos de cien personas.
A propósito de la peculiar afición de los venecianos a poseer y venerar reliquias de santos, tradición, dicho sea de paso, heredada directamente de los bizantinos, en la wikipedia dice que en esta isla están los restos de San Heliodoro, y esto no lo mencionan en la wikipedia, los de Santa Fosca, en la iglesia del mismo nombre, y que bien merece una visita.
En las guías y libros de viajes sobre Venecia se suele mencionar de pasada esta islita, y como mucho se alude a su pasado ilustre. Algunas suelen incluir una foto del Ponte del Diavolo, (Puente del Diablo, ver foto, también sacada de la wikipedia, y licencia CC) para explicar que muchos puentes en Venecia antes eran así, sin barandillas.
Actualización: en Panoramio hay un montón de fotos de Torcello. Muchas más de las que me esperaba. Y la mayoría son muy buenas.
NOTA:Pido disculpas a aquellos que leyeran esta entrada en mi antiguo blog (es de abril de este año), pero quería actualizarla, y he pensado que es mejor hacerlo aquí que en el blog antiguo. Los que no la hayáis leido, aquí la tenéis.
He estado hace poco en Estambul, y una de las cosas que más me han llamado la atención ha sido la “Cisterna de la Basílica”. La entrada está a treinta metros escasos de Santa Sofía (ver imagen), hecho que no la coloca precisamente fuera de las rutas turísticas. Sin embargo, tiene un aire un tanto irreal.
En la época en que fue construida (Siglo VI) en lo que hoy es Estambul vivían unas 50.000 personas (hoy son más de 10 millones), y el gran temor de sus gobernantes era sufrir un asedio sin grandes reservas de agua. Para ello construyeron cisternas que tenían una capacidad total de 1.000.000 de metros cúbicos (las cubiertas sumaban 200.000 y las abiertas el resto). No obstante, la Cisterna de la Basílica estaba pensada para abastecer al Palacio que había unos pocos metros al sureste de Santa Sofía, y del que a día de hoy no quedan más que unas pocas ruinas.
Debe su nombre a una basílica que había justo encima de la cisterna y de la que hoy no queda nada. El agua de la cisterna provenía de los acueductos de Valente (del que se conserva parte, ver imagen), y del de Adriano; a su vez estos acueductos recibían el agua de los Bosques de Belgrado, a unos 20 km. de la ciudad.

Lo primero que te impresiona es el contraste entre el bullicio del exterior y la calma del interior de la cisterna. Las 336 columnas (28 filas de 12, o 12 filas de 28), de unos 10 metros de alto, están dispuestas en líneas paralelas y perpendiculares. La cisterna, que es la más grande de todo Estambul (donde todavía hay 60 cisternas y en su día hubo más de 100), tiene casi una hectárea de superficie, y una capacidad para un poco menos de 100.000 metros cúbicos. (NOTA: el cálculo de la capacidad lo he hecho suponiendo que la cisterna se puede llenar hasta los topes –aunque es visible todavía una marca de agua a 8 m de altura- y despreciando el volumen de las columnas. Una aproximación más realista sería de 75.000 metros cúbicos de agua. Algunas fuentes hablan de 85.000 metros cúbicos)
La mayoría de las columnas son corintias bizantinas, aunque hay algunas dóricas. Los muros están recubiertos de una argamasa de unos 5 cm. de espesor, mientras que la bóveda es de ladrillo, realizada sin molde. Durante la restauración que se llevó a cabo en la década de 1980 y que concluyó en 1987 se descubrió que en la base de dos columnas había dos cabezas de Medusa (el monstruo mitológico). Una de ellas está cabeza abajo, y la otra está de lado, como se puede ver en las dos fotos siguientes. Hay hipótesis para todos los gustos. Está quien dice que es pura casualidad que estén colocadas así; otros creen que es parte de un altar a las ninfas de las aguas, y otros creen que es fruto de la necesidad de materiales de construccion (dicho de otra manera: usaban todo lo que había a mano)
Es uno de los pocos edificios del Siglo VI que quedan en Estambul (Santa Sofía es otro de ellos) y ha sufrido diversas restauraciones. En la última de ellas (la de 1987) se drenó por completo la cisterna para quitar el lodo del fondo y levantar una pasarela que es la que permite a día de hoy pasear por la cisterna. También –business is business- se acondicionó un espacio para una cafetería y un pequeño escenario para conciertos de música. Antes de que se construyera la pasarela era posible dar pequeños paseos en barca por el interior de la cisterna.
Los turcos (más correcto sería decir los otomanos) tomaron Constantinopla (Estambul) en 1453 y no tuvieron conocimiento de la Cisterna hasta más de un siglo después, cuando descubrieron a unos vecinos del barrio sacando agua de una de las ventilaciones que tiene en la parte superior. Estuvo en uso hasta el Siglo XIX en el que se llevó a cabo una restauración en la cual se tapiaron unas 90 columnas, sin que a día de hoy nadie sepa porqué.
Cuando la visité (el domingo pasado) e sorprendió que hubiera peces en los escasos 30 cm de agua que hay en la cisterna. Desconozco de qué se alimentan los susodichos peces, a menos de que lo hagan de las monedas que tira la gente al agua. Como último dato, en la wikipedia dice que unas escenas de la película “007:Desde Rusia con amor” se rodaron en la cisterna. Ví la película hace muchos años y no recuerdo casi nada de ella, por lo que no puedo confirmarlo.
Para resumir el post, que al final me ha quedado un poco largo destaco los siguientes aspectos:
1) Misterio con la finalidad de la colocación de las cabezas de Medusa
2) Estuvo oculta más de un siglo para los turcos, recientes conquistadores de la ciudad
3) No se sabe por que en la restauración llevada a cabo en el Siglo XIX se tapiaron parte de las columnas, segregándolas del resto.
4) Otro misterio es qué comen los peces de la cisterna.
Si vais a Estambul, no dejéis de entrar. Cuesta unos 6 € y es el contrapunto perfecto al bullicio del Barrio de Sultanahmet.
Se agradecerán los comentarios que arrojen luz a las incertidumbres del post.
Bibliografía:
* Texto: Guía El País y Guía Anaya.
Actualizaciones: Un amable lector me dejó un comentario que aportaba luz sobre el misterio del origen de las cabezas de Medusa. Decía que en una reciente visita a Éfeso, había un templo dedicado a Medusa, y en la parte frontal del mismo, faltaba la cabeza de la propia Medusa. Por lo visto, el guía les dijo que se habían llevado muchas columnas para construir la cisterna (nuestra cisterna) de Estambul.
Por otro lado, en Microsiervos hace poco hablaron de los estanques de tormentas, y uno de sus lectores lo relacionó con nuestra cisterna. Viene a decir que una cisterna no es lo mismo que un estanque de tormentas, pero que guarda ciertas similitudes.
Otra actualización: “Where to go in Istanbul” es un blog estupendo sobre cosas de esta ciudad. Muy recomendable.
En la Eurocopa de Yugoslavia de 1976, ocurrió algo mágico. En la tanda de penalties uno de los checoslovacos, que se enfrentaban a Alemania (reciente campeona del mundo en 1974), al ver que el portero alemán (Maier, nada menos) se lanzaba a su derecha, le dió tiempo a patear el balón flojo y por el centro, en una hermosa baselina. Fue gol. Checoslovaquia ganó la eurocopa. Aquel jugador se llamaba Antonin Panenka. Ha quedado en la retina de todos los aficionados al fútbol, y siempre que alguien tira un penalti así, nos volvemos a acordar de Panenka.
En la final del mundial de Alemania del año pasado, Zidane lanzó (y marcó) un penalti de manera muy parecida, pero no igual. Lo tiró flojo, después de engañar al portero (Buffon) pero no por el centro, sino colocado, tocando el larguero. No fue lo mismo. Por supuesto, todos los medios se apresuraron a decir que Zidane había lanzado un penalti “a lo Panenka”. Al final, como recordaréis, ese penalti fue lo de menos.
Panenka no pudo emigrar al fútbol del otro lado del Telón por culpa de, precisamente, ese telón. En 1980 pudo fichar por el Rapid de Viena, pero se retiró en 1985.
Siempre he tenido una gran simpatía por la República Checa (y por Eslovaquia, claro), por diferentes motivos: su separación pacífica en 1993, por la Primavera de Praga, por su ausencia de estravagancias post-soviéticas (estoy pensando en Polonia o en Hungría), por Kundera, por Milos Forman, por los puentes de Praga, por Kafka, y, en menor medida, pero también, por su selección de fútbol.
La historia que voy a contar hoy tiene varios elementos, y los voy a presentar como si fueran los distintos personajes que intervienen en una obra de teatro.
Lista de participantes:
Con este elenco (y echando un vistazo al título del post) solo podemos estar hablando del Convento do Carmo de Lisboa. Recientemente he visitado Lisboa, y quizá lo que más me impresionó fueron las ruinas de este convento en pleno centro de la ciudad. Me parecía increíble que conservaran un edificio prácticamente destruído y más aún, que fuera un museo. Pero no me quiero precipitar. Empecemos por el principio.
Estamos en el año 1383, con la Penísula Ibérica en un período de relativa calma dentro de la llamada Reconquista (otro día hablaremos de esto, que es uno de los grandes mitos de la historiografía española). En Europa, ingleses y franceses llevan pegándose 50 años (y los que les quedan) en lo que luego se llamaría la Guerra de los Cien Años. El rey de Portugal ha muerto sin herederos, y el rey de Castilla, Juan I, decide intentar anexionarse Portugal, ya que su mujer era hija del difunto rey. Forma un numeroso ejército, que incluye soldados franceses, y entra en Portugal. El regente portugués, Juan de Avis, con la ayuda de Nuno Alvares Pereira, y de un contingente inglés (tradicionales aliados de Portugal desde El asedio de Lisboa en 1147) le sale al paso en la llanura de Aljubarrota, donde vencen a las tropas castellanas y se aseguran la independencia de Portugal durante casi dos siglos más (en 1580 la historia se repite, pero Felipe II aplastará sin grandes dificultades la resistencia portuguesa). Una estimación de las cifras de la batalla habla de 30.000 castellanos contra sólo 6.000 portugueses, mientras que el número de bajas son desconocidas, aunque muy numerosas en el bando derrotado.

Tanto el recién consolidado rey de Portugal, Juan I, como su condestable, Nuno Alvares Pereira, se apresuran a agradecer a Dios su victoria sobre los castellanos. El primero ordena construir el Mosteiro de Batalha, y el segundo, un convento en Lisboa, frente al Castillo de San Jorge, de la época de dominación musulmana. Toda época tiene sus modas arquitectónicas, y en 1385 el gótico estaba muy bien visto en Portugal y en toda Europa. Pronto fueron invitados los Carmelitas a ocupar el nuevo convento, por lo que pasó a llamarse Convento do Carmo. En 1423 el propio Nuno Alvares Pereira se convirtió en un monje carmelita más e ingresó en el Convento, donde recibiría en numerosas ocasiones visitas de su rey, que todavía era Juan I, y dónde moriría en 1431. Fue enterrado en el mismo Convento, pero si queremos visitar su tumba, nos encontraremos con que no es posible, porque se destruyó hace tiempo. La causa: el Terremoto de Lisboa.
Dicho terremoto es probablemente el más famoso de la historia, o lo era, hasta el tsunami de la Navidad de 2006. No fue un simple terremoto, ya que dentro de lo que conocemos como “Terremoto de Lisboa” hay un tsunami, varios incendios y un terremoto propiamente dicho. Lo contaré someramente: el 1 de noviembre de 1755, un movimiento de tierras sacudió Lisboa y gran parte de Portugal, España y el norte de África durante pocos minutos; cuando parecía que todo había acabado, varias olas gigantes azotaron Lisboa, llegando el agua a subir por el Estuario del Tajo varios kilómetros río arriba; luego, hubo varios incendios que tardaron varios días en apagarse. Cuando todo había acabado, casi 100.000 personas habían fallecido (entonces vivían allí cerca de 250.000), y prácticamente toda Lisboa había quedado arrasada.
Sin perder el tiempo, el rey y su principal ministro, el Marqués de Pombal, se pusieron manos a la obra de reconstruir la ciudad. La ciudad fue replanificada casi por completo, y (a lo que yo quería llegar) las únicas ruinas que se conservan del terremoto son las del Convento de Carmo. Los restos del convento y de la iglesia son de una belleza extraordinaria, como si el tiempo se hubiera parado de repente (y así fue, de hecho). Se dejaron para que sirvieran de testigo de la tragedia, ya que están situadas en un sitio con una visibilidad muy grande. Dicho de otra manera: si estás en el Rossio, es imposible no verlo. Y el Rossio es, en mi opinión, de lo más concurrido de Lisboa.
Alrededor de un siglo después, en 1864 se cedió el edificio (o lo que quedaba de él) a la Asociación Portuguesa de Arqueología, que no tardó en convertirlo en un museo. A dicho museo, que puede visitarse hoy en día, fueron llevadas diversas piezas de interés arqueológico, como un par de momias americanas, una estatua de Alfonso Enriques, azulejos árabes… entre otros. Al Museo del Convento do Carmo se accede por la plaza do Carmo, muy cerca del Rossio. Es recomendable subir usando el Elevador de Santa Justa, que da acceso justo a la Plaza do Carmo, y así te ahorras una subida considerable por el Barrio de Chiado. No obstante, (y eso fue lo que hice yo) si te abstienes de usar el ascensor, el paseo es muy agradable (aunque cuesta arriba, eso sí).
La historia casi termina aquí: en 1974, el 25 de abril, una parte considerable del ejército portugués se rebeló contra la dictadura del “Estado Novo” que regía los destinos del país desde los años veinte del siglo pasado. El máximo exponente del régimen, el primer ministro Marcelo Caetano (sucesor de Salazar, que gobernó el país casi cuarenta años) se refugió en un cuartel militar que hay junto al Convento do Carmo. Pronto se rindió y huyó a Brasil, donde murió en 1980. No puedo evitar sentir una profunda admiración por una Revolución (la de los Claveles) que fue prácticamente incruenta (creo que hubo cinco muertos por disparos de incontrolados, no por las fuerzas sublevadas).
Documentándome para este post, he encontrado estos otros datos de interés, que no he incluido en el texto anterior por hacerlo más legible (son un poco off-topic):
Bibliografía: wikipedia, pbase, Guía de viajes de Portugal Lonely planet,
NOTA: la primera imagen es de la wikipedia.
Hace poco estuve en Estambul, y que mejor manera de rememorarlo que poniendo unas cuantas fotos y comentando unas cuantas anécdotas históricas. Alrededor de unos quince días antes de ir me entretuve leyendo un libro de historia de Turquía (”El Turco”, de Javier Veiga. Ed. Debate) que me ha servido como fuente principal para la elaboración de este post. Si no digo lo contrario, las fotos son mías. Mis escasos 4 lectores pueden disponer libremente (y con alegría) de dichas imágenes.
Disculpadme la extensión del post, pero me pongo a hablar sobre Estambul y no terminaría nunca. Las fotos también merecen una disculpa de su autor, pero no por su extensión sino por su baja calidad.