Lluvia artificial (y II)

En el post anterior hablamos de la lluvia artificial por bombardeo de las nubes con yoduro de plata: de lo que se deduce que una de las pegas que tiene esta técnica es que requiere nubes en el cielo. Hoy vamos a hablar de otra técnica para provocar lluvia, pero que no necesita nubes, sino que las crea. Es el Proyecto Geshem (geshem es lluvia en hebreo).

La idea fundamental son las “islas de calor”, que como su propio nombre indica (¡como me gusta decir eso!), son zonas calientes rodeadas de otras más frías. Con que haya una diferencia de 5 ó 10 ºC, sirve. El procedimiento consiste en calentar el aire de la superficie de la tierra, que ascenderá (el aire caliente, no la Tierra), al ascender, se enfriará, se condensará, y lloverá.

Para calentar la superficie se despliegan mantas asfálticas de grandes dimensiones (kilómetros cuadrados), oscuras, con baja reflectividad, de manera que absorban todo el calor del sol posible. Tiene las siguientes ventajas: no contamina, no necesita mantenimiento, no le hace falta que haya nubes para que llueva (las provoca por sí solo) y el agua de la lluvia que provoca no contiene nada raro (nada raro que no hubiera antes, se entiende). Inconvenientes, muchos: que nadie acaba de creérselo, y eso que está la NASA detrás; que tiene que ser una zona en la que haya una cierta humedad relativa del aire: si no hay vapor de agua alguno, dificilmente lo va a calentar; por último, que elegir el sitio donde desplegar la película asfáltica no es trivial, y mucho menos si se quiere que llueva en una zona determinada.

El sistema está en fase embrionaria, pero dicen que sería bastante efectivo conque tuviera el mar (o una masa de agua importante) a unos 100 ó 200 km. Por ejemplo, este sistema para Madrid no valdría, pero quizá sí para muchas zonas de Israel.

Las aplicaciones de la lluvia artificial, o más pretenciosamente, “lluvia a la carta” son varias, además de las mencionadas en el post anterior: incrementar la nieve en las pistas de esquí, modificar las trayectorias de los huracanes y tornados, o incluso impedir su formación, redección de la contaminación en las ciudades, y paliar los efectos de una catástrofe nuclear como la de Chernobyl en 1986.

Además de las dos técnicas que hemos explicado en este post y el anterior, también están otras más la danza de la lluvia, que de una manera singular, está presente en culturas tan dispares (y alejadas entre sí) como el Antiguo Egipto, Rumanía o los indios Cherokees. Ahora a todos estos habrá que añadirles (de alguna manera) la China comunista, el estado de Israel, la Comunidad de Madrid y la extinta Unión Soviética. Eso para que no cerréis el grifo al lavaros los dientes.

Bibliografía: [1],[2],[3],[4],[5],[6],[7],[8],[9],[10],[11]

Actualización: es un vicio esto de actualizar posts. He encontrado esta noticia que dice que China ya es capaz de provocar lluvia artificialmente en un tercio de su territorio. Estamos hablando de tres millones largos de kilómetros.  Dice que cuentan con7.000 cañones (y 5.000 lanzagranadas) para lanzar el yoduro, y que en 2010 van a poner en marcha un dispositivo para alterar la climatología. Todo esto según un comunicado de la prensa oficial china.

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