Filippo Brunelleschi y el Duomo de Florencia

Duomo Florencia

Llevaba un tiempo sin publicar, y en el primer post del 2008 voy a volver a mis temas italianos. Hoy voy a hablar de un tal Filippo Brunelleschi, ciudadano florentino del siglo XV, y principal responsable de una de las grandes maravillas de la arquitectura: la cúpula de la Catedral de Florencia (la foto, que es excelente, la he sacado de la wikipedia, con licencia CC).

La historia empieza en 1418, en una recientemente enriquecida Florencia, que desea una catedral a la altura de la de las vecinas Pisa y Siena. Ya tienen la mayor parte del edificio, pero les falta lo más importante: la cúpula. Deciden convocar un concurso, abierto a todo el que quiera. Las bases son relativamente simples: una cúpula, lo más espectacular posible, que pueda construirse sobre la catedral ya levantada, y sobre todo, que no se caiga. Y este último requisito era muy importante.

Al concurso se presentan numerosos artistas italianos, entre ellos Brunelleschi, el futuro vencedor del certamen, y Lorenzo Ghiberti, su máximo rival, y uno de los plateros más hábiles de la historia. Ambos, pero sobre todo Ghiberti habían conseguido numerosos contratos en las múltiples obras que había por aquellos años en Florencia y en el resto de Italia. Los dos son el arquetipo del hombre renacentista: plateros de formación, pero excelentes dibujantes, arquitectos e ingenieros.

La primera decisión que tuvo que tomar el comité (antes de que se presentara nadie) fue el estilo de la catedral. Por aquella época, había dos estilos dominantes: los que hoy día conocemos como gótico y renacentista. A principios del siglo XV se los llamaba de otra manera: el primero era el arte del imperio, “de los godos”, muy popular en Alemania y Francia, pero no tanto en Italia, donde solamente hay una catedral gótica (la de Milán) ; y el segundo, era un arte que estaba empezando a surgir, y nadie tenía una idea muy clara de cómo tenía que ser. Los miembros del jurado optaron por el último.

Brunelleschi y los demás aspirantes hicieron sus proyectos, y construyeron sus maquetas. Cada uno de ellos entregaba la maqueta de su diseño, y respondía a las dudas de los miembros del jurado y de cualquiera que pasara por allí (en la práctica, competidores). Esto constituía un problema para Brunelleschi, un hombre muy celoso y desconfiado, rayano en la paranoia, puesto que le obligaba a contar con un artesano para construir la maqueta. Este artesano, que bien podía ser otro participante en el certamen, bien podía usar elementos del diseño de Brunelleschi en su propio proyecto. Sin embargo, en el caso de la cúpula, nadie se atrevió a hacerlo.

La razón era el arriesgado diseño que Brunelleschi propuso. Una gigantesca cúpula, mayor incluso que la de Santa Sofía o en Panteón de Roma; y además, para rizar el rizo, proponía construirla sin ninguna sujeción temporal de madera. A pelo. Por supuesto, las dudas sobre la viabilidad del proyecto surgieron enseguida. ¿Cómo iba Brunelleschi a hacerlo? Nadie tenía la más remota idea puesto que éste se negó siempre a decirlo. Aún así, se le adjudicó el proyecto y la dirección de las obras. Filippo Brunelleschi ya era “capomaestro“. Se ha especulado mucho sobre esta curiosa actitud del arquitecto florentino, exponiéndose a perder la obra por su obstinación, pero yo creo que se negó a revelar los detalles para asegurarse que no le dieran la dirección de la obra a ningún otro aspirante.

Las obras durarían 16 años (1418-1434) si contamos el período comprendido entre el fallo del jurado y la consagración de la Catedral. No obstante, las obras realmente duraron mucho tiempo más. En todo este tiempo ocurrieron multitud de cosas, que son las que se relatan en el libro de Ross King que os pongo en la bibliografía. Yo solamente voy a mencionar, muy de pasada, algunas.

Brunelleschi pasó dos semanas en la cárcel por una intriga contra él y contra Cosimo Médici, el hombre fuerte de Florencia en aquella época. Esas dos semanas la obra estuvo más que parada.

Cuando murió Brunelleschi en 1446 fue enterrado en la Catedral. Esto le convirtió en la segunda persona en recibir sepultura allí. El primero había sido San Zenobio, el primer obispo de Florencia, en el siglo IV. Cuesta encontrar el sepulcro de Brunelleschi en la catedral (suponiendo que lo que yo tomé por su tumba lo fuera realmente).

Para el revestimiento de la cúpula se usaron tres tipos de mármol: uno verde, otro blanco y otro marrón. El blanco venía de la vecina Carrara, pero transportarlo era un auténtico problema. Se desembarcaba en el Mediterráneo, y en la desembocadura del Arno, se remontaba este río hasta Florencia. El gran inconveniente de este sistema es que varios meses al año -en primavera sobre todo- el Arno era un auténtico torrente. Ni que decir tiene que transportarlo todo por tierra era bastante caro, ya que hablamos de muchas toneladas de mármol. Brunelleschi ideó un vehículo anfibio que evitaría la parte del transporte marítimo. Iría por tierra desde Carrara hasta el Arno, y de ahí a Florencia. Construyó su vehículo, pago de su bolsillo unas cuantas toneladas de mármol, lo fletó, y al llegar al Arno, se hundió. El mármol tardó en ser recuperado muchos años, pero no llegaron a tiempo para la obra de la cúpula.

La principal prueba de la genialidad de Brunelleschi es el cuidado que ponía en todo lo que hacía. El plan de obra, las grúas y andamios del Duomo eran suyos. Las normas de seguridad, también. Además de las habituales (como aguar el vino) incluyó una larga lista de procedimientos a seguir bajo pena de cuantiosas multas. El resultado es que entregó la obra en un plazo razonable (16 años) y que solamente murió una persona en las obras. Era muy superior la mortalidad en otras construcciones de la época e incluso posteriores, y muchas de ellas con una complejidad y peligrosidad menor.

La rivalidad entre Brunelleschi y Ghiberti era tremenda. Se habían enfrentado en numerosos concursos, con resultados dispares, hasta que llegó el de la cúpula del Duomo. Cuando eligieron a Brunelleschi como jefe de obra, le asignaron al propio Ghiberti como sub-jefe. Las interferencias de este último eran constantes, hasta que Brunelleschi, harto, abandonó la obra y Florencia. Ghiberti lo relevó. Poco tiempo después llegaría la gran victoria moral de Brunelleschi: Ghiberti admitía que no era capaz de seguir con la obra, y Brunelleschi fue llamado otra vez. Le subieron el sueldo (aunque al poco tiempo se lo volvieran a bajar), pero no consta que le pidieran disculpas. Ghiberti mantuvo su puesto, pero no su influencia.

Ahora unos cuantos detalles de la cúpula: pesa unas 37.000 toneladas; los 42 metros de luz de su cúpula superan en 3 m. a la de San Pedro de Roma, que es un siglo posterior. Lo único que no pudo hacer Brunelleschi fue la linterna, cuyo concurso ganó, pero falleció antes de que se pudiera completar. El encargado de hacerlo fue Michelozzo, que colaboró con Brunelleschi además de rivalizar con él, precisamente en el concurso de la linterna (al parecer, Michelozzo hizo lo que le dio la gana con la linterna, y no siguió en absoluto a Brunelleschi).

En 1492 un relámpago impactó sobre la linterna y arrojó varias toneladas de marmol a la calle, hiriendo a algunas personas. En 1639 aparecieron unas grietas en la cúpula, pero después se vió que no se debían a defectos estructurales de la propia cúpula, sino de los cimientos de la catedral. Ya en el siglo XX se descubrió que sobre ellos pasaba una corriente subterránea. Alrededor de esta misma época, se decidió aislar en la medida de lo posible al Duomo del tráfico rodado.

 

Quizá me dejo en el tintero la parte más bonita de esta obra, lo que la convierte en un prodigio arquitectónico, pero temo no ser capaz de explicarlo adecuadamente. Brunelleschi construyó una cúpula interior, y otra exterior, y ambas las hizo sin sujeción provisional alguna. Fue construyendo anillos de ladrillo de abajo arriba, según iban fraguando. Las grúas que fueron utilizando según avanzaba la obra son diseños de Brunelleschi, y tuvieron que ver mucho con la velocidad a la que se levantó la cúpula. Casi seis siglos después la pregunta sigue siendo la misma: ¿de dónde sacó Brunelleschi el conocimiento para esta obra? Ross King apunta que el Panteón de Roma algo tuvo que ver.

Por supuesto, no puedo dejar de recomendaros el libro de King. En él se cuentan muchas más cosas (y mejor) de las que vienen aquí, y abundan los planos e ilustraciones de la Catedral y de la época.

 

 

Bibliografía: Brunelleschi’s Dome. How a Renaissance’s genius reinvented architecture. Penguin. En Amazon nos permiten ojear el índice y un poco más.

También le he echado un ojo a esto.

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3 comentarios to “Filippo Brunelleschi y el Duomo de Florencia”

  1. nathy Says:

    EL TRABAJO ES EXCELENTE Y NOS AYUDA A CONOCER MAS ACERCA DE TODO LO REFERIDO A LA ARQUITECTURA…

  2. Alicia Says:

    Muchas gracias por este artículo, es realmente apasionante.

  3. dikovanegas Says:

    Reblogueó esto en dikovanegasy comentado:
    Brunelleschi fue simplemente genial, muy adelantado a su época.

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