San Simeón el Estilita y San Simeón el Estilita

Siempre me han apasionado los estilitas. Unos tíos que se suben a una columna y se aislan de sus vecinos poniendo altura de por medio.
Es un fenómeno casi exclusivamente sirio (tomando Siria en sentido amplio). Los primeros surgen en el extrarradio de Antioquía en el siglo IV, y uno de estos pioneros es el más famoso de entre los suyos: San Simeón el Estilita. Sin embargo, bajo este nombre se esconden dos estilitas: San Simeón el Viejo (390-459) y San Simeón el Joven (521-597). Lo que debe estar pensando el lector es como distinguirlos. Es muy fácil. El Joven llegó al negocio después que el otro (hasta ahí los datos obvios) y tenía su columna en Alepo (a unos 40 km., mejor dicho), mientras que el Viejo, como se ha dicho, tenía su columna cerca de Antioquía.

La fascinación por estos curiosos monjes (algunos eran laicos, por cierto) me viene por lo estrambótico de su retiro. No les valían las cuevas, como a los padres del desierto egipcios, que fueron los fundadores del monacato cristiano. Como el concepto monasterio estaba todavía un poco verde  (aunque dudo que les hubiera valido), y persas con mala leche siempre ha habido en Siria o intentando entrar en ella, pues se subían a las columnas. Es lo que tiene cuando dos de los pueblos más antiguos del mundo (y culturalmente más ricos) son vecinos.

La pintura de la imagen está idealizada, por supuesto. Nuestros anacoretas preferidos hacían su vida en plataformas apoyadas en las columnas, no sobre las columnas propiamente dichas.

Eran santos en vida, y como tales los veneraban sus vecinos, que acudían a estar con ellos siempre que podían. De hecho, esta veneración fue la que hizo que la columna del Viejo no hiciera sino crecer a lo largo de los años. Su jornada era más bien rutinaria, como todo anacoreta que se precie: lanzaban sus filípicas desde sus columnas, advertían de los males del mundo, y como gran parte de los cristianos orientales, estaban bastante obsesionados con los demonios que, según ellos, estaban por todas partes. No seré yo (y menos desde esta humilde tribuna) el que cuestione este punto de vista. El Joven llegó a ver como se construia una iglesia (casi una catedral) en torno a su columna estando aún con vida. Con el Viejo ocurrió lo mismo, pero post-mortem. Es una justa recompensa para alguien que se pasó treinta años sin bajarse de su plataforma. Todo esto me parece de una belleza extraordinaria.

Santos en vida, pero con sus rencillas. Caían rayos frecuentemente (no tengo a mano el índice de nivel isoceráunico de esta zona, pero nos hacemos a la idea) en las columnas, matando a su desafortunado morador. Esto solía considerarse una prueba de que el reciente finado era un hereje en secreto. Al menos así lo cuenta William Dalrymple en su magistral (y mítico ya) “Desde el Monte Santo”. Hay que ser muy valiente para seguir subido a tu columna a varios metros del suelo cuando hay una tormenta eléctrica en la zona.

Los estilitas fueron languideciendo con las diversas tensiones que se vivieron en la zona en siglos sucesivos, que fueron variadas: cismas por razones teológicas, invasiones persas, campañas bizantinas de reconquista, invasiones árabes, etc. No tuvo gran éxito la idea en Europa, aunque constan algunos intentos en Alemania, pero, si no recuerdo mal, fueron efímeros por el frío que azotaba a los estilitas en invierno.

Los últimos estilitas de los que hay noticias estaban en Georgia en el no tan lejano siglo XVIII.

5 comentarios to “San Simeón el Estilita y San Simeón el Estilita”

  1. maria Says:

    nunca había oido hablar de esto… anonadada me quedo… tendrá que ver algo con el estilismo… (jeje)

  2. guillermo Says:

    Palemón el estilita

    Enfuriado el Maligno Spiritu de la devota
    e sancta vida que el dicho ermitanno facia,
    entróle fuertemientre deseo de facerlo caer en
    grande y carboniento peccado. Ca estos e non
    otros son sus pensamientos e obras.
    Apeles Mestres. -Garin

    Palemón el Estilita, sucesor del viejo Antonio,
    que burló con tanto ingenio las astucias del demonio,
    antiquísima columna de granito
    se ha buscado el desierto por mansión,
    y en pie sobre la stela
    ha pasado muchos días
    inspirando a sus oyentes
    el horror a los judíos
    y el horror a las judías
    que endiosaron ¡Dios del cielo!
    que endiosaron a una hermosa
    de la vida borrascosa,
    que llamaban Herodías.

    Palemón el Estilita «era un santo». Su retiro
    circuían mercadantes de Lycoples y de Tiro,
    judaizantes de apartadas sinagogas,
    que anhelaban de sus labios escuchar
    la palabra de consuelo,
    la palabra de verdad
    que nos salve del castigo,
    y de par en par el Cielo
    nos entregue; sólo abrigo
    contra el pérfido enemigo
    que nos busca sin cesar
    y nos tienta con el fuego de unos ojos
    que destellan bajo el lino de una toca,
    con la púrpura de frescos labios rojos
    y los pálidos marfiles de una boca.
    Alrededor de la columna que habitaba el Estilita,
    como un mar efervescente, muchedumbre ingente agita,
    los turbantes, los bastones y los brazos,
    y demanda su sermón al solitario
    cuya hueca voz de enfermo
    fuerzas cobra ante la mies
    que el Señor ha deparado
    a su hoz, y cruza el yermo
    que turbaron otros tiempos los timbales de Ramsés.

    Y les habla de las obras de piedad y sacrificio,
    de las rudas tentaciones del Apóstol y del vicio
    que llevamos en nosotros; del ayuno y el cilicio,
    del vivir año tras año con las fieras
    bajo rotos quitasoles de palmeras;
    y les cuenta lo que es sed y lo que es hambre,
    lo que son las noches cálidas de Libia,
    cuando bulle de planetas un enjambre,
    y susurra en los palmares la aura tibia,
    que provocan en el ánimo cansado
    de una vida muerta y loca
    los recuerdos tormentosos
    que en los días pesarosos,
    que en los días soñolientos
    de tristezas y de calma
    nos golpean en el alma
    con sus mágicos acentos
    cual la espuma débil
    toca
    la cabeza dura y fría
    de la roca.

    De la turba que le oía
    una linda pecadora
    destacóse: parecía
    la primera luz del día,
    y en lo negro de sus ojos
    la mirada tentadora
    era un áspid: amplia túnica de grana
    dibujaba las esferas de su seno;
    nunca vieran los jardines de Ecbatana
    otro talle más airoso, blanco y lleno;
    bajo el arco victorioso de las cejas
    era un triunfo la pupila quieta y brava,
    y, cual conchas sonrosadas, las orejas
    se escondían bajo un pelo que temblaba
    como oro derretido;
    de sus manos blancas, frescas,
    el purísimo diseño
    semejaba lotos vivos
    de alabastro,
    irradiaba toda ella
    como un astro;
    era sueño
    que vagaba
    con la turba adormecida
    y cruzaba
    -la sandalia al pie ceñida-
    cual la muda sombra errante
    de una sílfide,
    de una sílfide seguida
    por su amante.

    Y el buen monje
    la miraba,
    la miraba,
    la miraba,
    y, queriendo hablar, no hablaba,
    y sentía su alma esclava
    de la bella pecadora de mirada tentadora,
    y un ardor nunca sentido
    sus arterias encendía,
    y un temblor desconocido
    su figura
    larga
    y flaca
    y amarilla
    sacudía:
    ¡era amor! El monje adusto
    en esa hora sintió el gusto
    de los seres y la vida;
    su guarida
    de repente abandonaron
    pensamientos tenebrosos
    que en la mente
    se asilaron
    del proscrito
    que, dejando su columna
    de granito,
    y en coloquio con la bella
    cortesana,
    se marchó por el desierto
    despacito…
    a la vista de la muda,
    ¡a la vista de la absorta caravana!…
    Guillermo Valencia (colombia)

  3. Huacatay Says:

    What’s up, I read your new stuff regularly. Your
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  4. juanmanuel Says:

    son tres san simeon estilita el viejo Simeón el Estilita el joven y Simeon el Estilita III. y quiero saber de los tres gracias

  5. Olbany Andrtade Says:

    En Genova, Italia, hay una plaza donde hay varias columnas con sus respectivos estilitas. Tuve la oportunidad de conocerla en octubre del 2.014

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