Archive for the ‘libros’ Category

Las SS en Crimea

6 noviembre 2007

Es sabido que, dentro del furor racista y asesino del estado nazi (1933-1945), las SS desempeñaron un papel destacado. Hacían el trabajo (más) sucio de todos los que había en el entramado nazi: organizar y coordinar el exterminio de los que consideraban “razas inferiores”. En esta tarea alcanzaron cotas de eficiencia verdaderamente altas, lo que costó la vida a más de seis millones de personas. No obstante, en un aspecto más “intelectual” o, si se prefiere, académico, no fueron capaces de alcanzar el éxito: definir la “raza judía”. Algunos objetarán (con razón) que no existe la raza judía, pero eso no impidió a los nazis, sobre todo en los infames campos de concentración y exterminio, tomar todo tipo de medidas de la anatomía de sus prisioneros judíos. Como es obvio, estas medidas no les llevaron a ninguna conclusión.

En consecuencia, cuando llegaban las SS a un territorio recién conquistado, para decidir quienes eran judíos y quienes no, recurrían a todo tipo de subterfugios, como obligar a los miembros de la comunidad judía a que se apuntaran en listas, etc. Sin embargo, al ocupar la Wehrmacht la Península de Crimea en 1942, las SS se encontraron con un problema: allí había dos etnias (entre otras muchas), los krimchak y los caraitas. Los krimchak eran descendientes de sefarditas, pero culturalmente eran tártaros, y por tanto, tenían muchas tradiciones musulmanas; los caraítas, eran todo lo contrario: un pueblo de raza turca, que hablaban un dialecto del turco, pero eran de religión judía.

Las SS no sabían que hacer, ni a quién debían exterminar. ¿A los judíos de origen o a los judíos de religión? Fueron consultadas las “autoridades raciales” (nunca unas comillas fueron tan necesarias) del Reich, y no parecían ponerse de acuerdo. Seguro que no faltaron los que propusieron el exterminio de ambas etnias, pero al final los “elegidos” por el propio Himmler fueron los judíos de origen, los krimchak. Fueron asesinados 6.000 de ellos, un 75% de la población krimchak de Crimea.

Bibliografía: Esta historia la he leído en el libro “El plan maestro“, de Heather Pringle, que cuenta los múltiples intentos (infructuosos, por supuesto) de las SS por encontrar evidencias arqueológicas y biológicas de la existencia de la raza aria, y de su pretendida supremacía sobre el resto de razas. Un despropósito que costó la vida a varios millones de personas. El libro es recomendable, aunque un poco cansino. Para elaborar este post he adaptado la historia del libro de Pringle (pags. 305-307, en su edición española, Ed. Debate), y lo he completado -y contrastado- con la wikipedia.

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Los temibles almogávares

15 septiembre 2007

Me he leído hace poco un libro sobre los almogávares, y me apetecía escribir un post contando cómo derrotaron a franceses, turcos, bizantinos y a todo lo que se les pusiera por delante, pero haciendo una búsqueda preliminar (siempre antes de escribir algo hay que ver que han contado otros) me he encontrado con este excelente artículo de Arturo Pérez-Reverte hablando del tema. He decidido no escribir el post que tenía pensado, y me he conformado con hacer algunos matices y completar un poco -no mucho- el artículo de la wikipedia sobre el tema.

¿Quién delató a la familia de Ana Frank?

17 agosto 2007

Monumento a Anna y Margot Frank en Berger-Belsen

He leído el Diario de Ana Frank hace pocos días, y me ha intrigado el misterio de la identidad del delator. Como es públicamente conocido, Ana Frank y siete personas más (entre ellas, su hermana y sus padres) estuvieron escondidos en una oficina de Amsterdam durante 25 meses de la Segunda Guerra Mundial, hasta que fueron delatados a los nazis, y enviados a los campos de exterminio donde murieron todos (menos Otto Frank, padre de Anna). El Diario de Anna fue encontrado después de la guerra y publicado en 1947. Es uno de los símbolos más importantes del Holocausto, y quizá el mayor. Debo destacar que Anna Frank escribe estupendamente, por lo que podemos decir sin temor a equivocarnos que más que una escritora en potencia era una auténtica escritora.

Ahora vamos con el tema de la delación. A finales de los años cincuenta, cuando el Diario era un éxito de ventas, una serie de imbéciles empezaron a negar el Holocausto. No es un tema nuevo, y de hecho, si no recuerdo mal, esto es constitutivo de delito en Francia y Austria (por lo menos). Entre las muchísimas barbaridades que dijeron, estaba la de que Ana Frank no había existido nunca, y que su Diario era un invento. Para atajar a tiempo esta peligrosa mentira, el famoso cazanazis (y superviviente del Holocausto) Simon Wiesenthal decidió buscar al hombre que arrestó a la familia de Anna Frank. En esta tarea no contó con el apoyo moral del padre de Anna, Otto, quien afirmó que la culpa del arresto no debía recaer en el que les detuvo (puesto que se comportó educada y respetuosamente) sino en quien les delató. Por supuesto, esto no fue suficiente para disuadir al infatigable Wiesenthal, ya que en 1963 acabó dando con Karl Silberbauer, el Sargento de las SS que capturó a los escondidos del 263 de Prinsengracht. Fue juzgado y absuelto gracias a, entre otros, el testimonio de Otto Frank que reconoció que se había portado civilizadamente con ellos el día de la captura. Por supuesto, Silberbauer no negó haber sido el captor de los Frank, por lo que con esto quedaba desmentido el bulo de que Ana Frank no había existido. Entonces los “negacionistas” (se merecen un nombre feo) empezaron a decir que el Diario era falso, extremo que se vió desmentido tras el estudio que hizo el NIOD (Dutch Institute for War Documentation) en 1980. Pero esa es otra historia: volvamos a Silberbauer, el sargento que detuvo a los escondidos.

Este individuo reconoció su participación en los hechos, pero negó conocer al autor de la delación. La orden de ir a capturarlos le fue dada por su superior inmediato, Julius Dettmann, que no pudo aportar luz sobre la cuestión porque, reticente a asumir las consecuencias de sus actos, se había suicidado al poco de terminar la guerra. De esta forma, las fuentes de primera mano sobre la delación de los Frank quedan invalidadas (la única fuente de primera mano que no se ha podido explorar es la del propio delator, que nunca ha confesado).

Karl Silberbauer, el sargento de las SS que detuvo a Ana Frank

Ahora vamos con las especulaciones, como en el post de D.B. Cooper. Para la elaboración de esta lista de sospechosos me he basado exclusivamente en el documento “Who betrayed Anne Frank?” de David Barnouw y Gerrold van der Stroom, disponible en la web del NIOD. Ellos se basan en las investigaciones llevadas a cabo por la policía en 1946-1947, las distintas biografías y documentos sobre el tema, y por supuesto, las declaraciones que prestaron algunos de las personas relacionadas con el caso. En total nos arrojan un total de tres sospechosos principales, y cinco menos probables:

  1. William Van Maaren. Fue el único sospechoso durante muchos años, pero nunca se demostró nada. Trabajaba en el almacén de la empresa donde estaban escondidos, tenía problemas económicos, no simpatizaba con la Resistencia (ni ésta con él); Kleiman (uno de los que ayudaban a los escondidos) declaró que Van Maaren sabía que había escondidos, y Kugler (otro de los “ángeles” de los Frank y compañía) sospechaba de él. Y quizá lo más importante, era un ladrón, y reconoció haber robado en varias casas de la zona. Esto tiene una importancia significativa puesto que -como se cuenta en el Diario- hubo un ladrón que vió a uno de los escondidos (al dentista, Dussel), por lo que pudo delatarlos. Hasta aquí los indicios incriminatorios (que no son gran cosa), y a partir de aquí, los exculpatorios. No denunció a nadie de la Resistencia pese a no llevarse nada bien con ellos, ayudó a conservar partes del Diario de Anna Frank, no hay prueba alguna de su antisemitismo ni de su nazismo (extremo además negado por el interesado) y el propio Otto Frank reconoció que no había prueba alguna que lo incriminara. Falleció en 1971. Sospechoso poco probable. Demasiada prueba circunstancial.
  2. Lena Hartog-van Bladeren. Esta sospechosa fue incriminada por las investigaciones de Lena Müller, que escribió una biografía de Anna Frank. Esta señora era la mujer de Lammert Hertog, uno de los mozos de almacén de la empresa donde estaban los escondidos, y estuvo una temporada limpiando en las oficinas. La idea que apunta Müller es que pudo delatarlos por miedo a que a su marido lo represaliaran los nazis por trabajar en la empresa que daba cobertura a los escondidos, y afirma que estaba al corriente de que había gente allí escondida porque su marido se lo contó. Tenía simpatías nazis, y su hijo se había alistado voluntariamente en la Kriegsmarine, la Marina del Reich. Por otro lado, la segunda mujer de Otto Frank, ya viuda, contó que éste le había dicho que la delación fue obra de una mujer. Por último, Lena Hartog negó en un interrogatorio haber trabajado en este empresa, hecho que se demostró falso. Hasta aquí los indicios incriminatorios , y a partir de aquí, los exculpatorios. No está probado que su marido supiera de los escondidos, y mucho menos que le comentara nada a su mujer al respecto. No se sabe si la revelación de la segunda esposa de Otto Frank tiene alguna base, ya que nadie ha podido confirmar siquiera la existencia de un simple rumor en ese sentido, y sobre todo, si Lena Hartog delató a los escondidos el 3 de agosto de 1944, ¿por qué ése día fue su marido a trabajar? Podía haberse escaquedado y haberse ahorrado el tener a la Gestapo haciendo preguntas incómodas. Sospechosa muy poco probable. Indicios infundados, ni siquiera circunstanciales.Tonny Ahlers. ¿Delató a Anna Frank?
  3. Tonny Ahlers. Un individuo de simpatías nazis (o nazi a secas), con amistades en círculos nazis, que conocía a Otto Frank, que probablemente supiera que estaban escondidos y que sabía que en las oficinas del 263 de Prinsengracht había un “anejo” que posibilitaba el escondite (lo sabía porque en una ocasión urgió a Frank a esconderse cuanto antes y porque en el 253 de la misma calle vivía su madre en una casa muy similar, con un “anejo” en la parte de atrás). Tenía necesidades económicas ya que su empresa había quebrado recientemente, y había pedido ayuda a un conocido delator de judíos, Maarten Kuiper. Este sospechoso fue incriminado por otra biógrafa de Anna Frank (y de Otto Frank), llamada Carol Ann Lee. Esta investigadora descubrió algunas cosas muy interesantes, como que Otto Frank había hecho negocios con los nazis, y que probablemente Ahlers estuviera chantajeando a Frank con revelar eso, lo que hizo que Otto Frank nunca quisiera incriminar al sospechoso más probable. En 1945 Otto Frank sale de Auschwitz, vuelve a Holanda y se pone a buscar al delator, habla con mucha gente (incluida una posible visita a Ahlers a la cárcel, donde cumplía condena por colaboracionista) y decide que “ya no está interesado en hallar al culpable”. Carol Ann Lee deduce que ahí empezó Ahlers a chantajear a Frank, y lo estuvo haciendo, se supone, hasta 1963, cuando Ahlers escribe una carta abierta revelando que Frank había tenido acuerdos comerciales con los nazis mientras vivía en Alemania. Y por último, un hermano y un sobrino suyos, padre e hijo, contaron que Ahlers les había reconocido que había delatado a los Frank. Este parece el sospechoso más probable de los tres, pero el informe del NIOD lo exculpa, ya que no ve probado que supiera que los escondidos estuvieran ahí, ni de que tuviera nada contra ellos, ni de que cobrara recompensa alguna delatándolos. En este artículo de The Guardian el hijo de Ahlers explica un poco más el tema. Anton Ahlers murió en el año 2000 y siempre negó (al menos en público) haber delatado a los Frank.

Y ahora los otros sospechosos, que son menos probables.

  1. Sleegers, el vigilante nocturno. Las sospechas se fundan en que vió que había ladrones robando, y pudo darse cuenta de que había escondidos. Pero no hay más motivos para sospechar de él.
  2. Un miembro del Consejo Judío. A Otto Frank le llegó un anónimo en el que decía precisamente eso, que les había delatado un miembro del Consejo Judío. No podemos añadir más. Nunca se demostró nada.
  3. Ans van Dijk y Branca Simmons. Se sabe que delataron a varios judíos escondidos cerca de la Casa de Ana Frank, pero no se ha demostrado ninguna relación con el caso que nos ocupa.
  4. El hijo de Jansen. Jansen era un antiguo amigo de Otto Frank que traicionó su confianza al poco de empezar la guerra, revelándole a Ahlers unos comentarios que Frank le había hecho en privado sobre el curso de la guerra. Ahlers fue quien se lo contó a Frank. No hay constancia alguna de que el hijo del tal Jansen supiera de los escondidos.
  5. Un descuido propio. En los 25 meses que estuvieron escondidos, es muy probable que tuvieran no uno, sino varios descuidos. Una ventana mal cerrada, un ruido a destiempo, el episodio del ladrón que pudo ver al dentista, etc. Por supuesto, esto no parece que pueda ser la causa por si sola, ya que cuando entra Silberbauer en las oficinas, dice que le lleven a la falsa librería (que tapaba la puerta a la “Casa de Atrás”, donde estaban escondidos los ocho)

El informe concluye diciendo que no hay elementos para afirmar con seguridad quien fue el autor de la delación. Por supuesto, pudo ser un descuido de los escondidos, y una denuncia de alguien que pasara por allí, sin relación alguna con ellos.

Espero que os haya gustado, y disculpadme la extensión del post. Si te ha gustado, y quieres que más gente la lea, meneala.

Bibliografía: [1],[2],[3],[4],[5], [6] y [7].

Un paracaidista famoso (D.B. Cooper)

1 agosto 2007

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Un día de noviembre de 1971 un Boeing 727 de la Northwest despegaba del Aeropuerto de Portland, y nada hacía presagiar que fuera a ser secuestrado hasta que un pasajero (cuyo retrato robot se muestra arriba) se levantó de su asiento y dijo que ese era su propósito. Al parecer tenía una bomba (que luego resultó ser falsa y nadie se molestó en comprobar) y amenazó con hacerla explotar. El avión llevaba 36 pasajeros y 6 tripulantes y su destino era Seattle, donde finalmente aterrizó.

El secuestrador se mostró dispuesto a liberar al pasaje a cambio de 200.000 dólares y cuatro paracaídas, que le fueron entregados. Después de la negociación, en el aparato solo quedaban Dan Cooper (el nombre bajo el que había comprado el billete el secuestrador), el piloto, el co-piloto y un auxiliar de vuelo. El avión despegó y puso rumbo a México volando a unos 10.000 pies (unos 3.300 metros largos), de acuerdo con las instrucciones dadas por Cooper. Estaba anocheciendo cuando, en un momento dado, mientras aún sobrevolaban el estado de Washington, Cooper saltó en paracaídas. Los dos cazas que controlaban la evolución del avión secuestrado no vieron nada. El avión aterrizó en Reno sin más incidentes, pero sin su secuestrador a bordo.

Posteriores pesquisas de las fuerzas de seguridad norteamericanas determinaron que Cooper había saltado del avión a las 20:11 y que el lugar más probable de aterrizaje era la localidad de Ariel, Oregón, muy cerca del Lago Merwin. En la zona nunca se encontró rasto alguno de Cooper, ni de su paracaídas. Cooper was gone.

La noticia saltó a los medios de comunicación, contribuyendo de manera decisiva a instalarla en la mitología contemporánea. Curiosamente al secuestrador se le conoce como D.B Cooper, o simplemente D.B. cuando todo lo que se sabe de él es que el billete que compró estaba a nombre de Dan Cooper. La “B” es una invención de los medios de comunicación, o más probablemente solo un error.

Como consecuencia del caso D.B. Cooper, la FAA (Federal Aviation Administration) obligó a todos los aviones a instalar un dispositivo que impidiera que la escalerilla trasera se pudiera abrir con el avión en el aire. Este dispositivo se conoce como Cooper Vane, e impide saltar del avión precisamente de la manera que lo hizo Cooper.

Algunos de los sospechosos que el FBI consideró fueron los siguientes:

  1. John List, de profesión asesino en serie. Pocos días antes del secuestro del avión asesinó a su madre, esposa y tres hijos. Naturalmente, desapareció. La cantidad del rescate exigida por Cooper ($200.000) coincide con las deudas contraídas por List. Fue capturado tras 18 años huido, condenado a cinco cadenas perpetuas (a cumplir simultánamente, supongo) y siempre negó ser D.B. Cooper. Como curiosidad, parece ser que el personaje de Keyser Soze en “Sospechosos habituales” (que gran película) está basado en List.
  2. En julio del año 2000, Jo Weber, residente en Florida, afirmó que su marido Duane Weber le había confesado que era D.B. Cooper. El supuesto Cooper no pudo confirmar este extremo ya que había fallecido en 1995. Al parecer, el marido de esta señora tenía pesadillas en las que hablaba de saltar de un avión, además de haber recibido entrenamiento militar al respecto en la Segunda Guerra Mundial. Por lo visto también tenía un billete de la Northwest Airlines para el trayecto Portland-Seattle (no sabemos si de la fecha del secuestro), y además tenía una herida en una rodilla que se había hecho “saltando de un avión”. También cuenta la viuda Weber que hizo una excursión con su marido al Río Columbia cerca de la zona donde pocos meses después un niño de 8 años encontraría 5.000 de los dólares entregados a D.B. Cooper. Si el anterior de la lista luego fue un “sospechoso habitual”, de este podemos decir que era un “sospechoso prometedor”, aunque las pruebas sean circunstanciales, en mi modesta opinión.
  3. En el año 1972 Richard McCoy secuestró un avión de las mismas características que el de D.B. Cooper y su modus operandi fue muy similar. Fue capturado dos días después y condenado a 45 años de cárcel. Escapó y tres meses después falleció en un tiroteo con la policía. Se parece al retrato robot de Cooper como un huevo a una castaña, pero eso no impidió que se publicara un libro que intentaba desmostrar que McCoy era Cooper. El policía que le disparó afirma que era Cooper; la viuda lo niega. McCoy es un sospechoso verosímil, pero poco probable. El nunca negó ni afirmó ser D.B. Cooper (como el 99,9999% de la humanidad, por otro lado).
  4. Un par de investigadores privados (suponemos que investigando por su cuenta) deciden que D.B. Cooper es Ted Mayfield, vecino de Portland, experto paracaidista (más de 8.000 saltos) y con antecedentes por robo a mano armada. El encargado del caso lo descartó porque dos horas después de la hora estimada del salto de Cooper, Mayfield llamó al FBI para ofrecer su ayuda. Los investigadores afirmaban que era posible que nada más tomar tierra Cooper hubiera llamado a la policía, ya que ésta no fue a visitar a Mayfield a su casa, por lo que la llamada pudo ser hecha desde, por ejemplo, Ariel, Oregón. Me da la impresión de que a este hombre le querían adjudicar el secuestro del avión por el simple hecho de que saltaba en paracaídas mejor que nadie.

Para añadir más leña al fuego, Florence Schaffner, una de las auxiliares del vuelo secuestrado por D.B. Cooper afirmó en un programa de televisión que el retrato robot nunca había sido muy fidedigno. Así no hay quien encuentre nada.

Bibliografía: [1], [2],[3], [4],[5]

Actualización: En la serie Prison Break hay un personaje basado en el protagonista de nuestro post de hoy. No sigo la serie, así que poco más puedo añadir.

Puedes menear esta noticia si te ha gustado.  No duele 🙂

Historias de Londres

19 junio 2007

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Hoy más que un post sobre Londres os voy a recomendar un libro sobre Londres. Se titula “Historias de Londres”, y es de mi admirado Enric González. El estilo de las crónicas (es corresponsal de El País en Roma, y lo ha sido en Washington y en Londres) y libros de Enric González es unico e inimitable. Y profundamente adictivo. Os pongo el enlace a la web de corresponsales de El País para que comprobéis lo que os digo. En este post os voy a comentar algunas de las muchas anécdotas y curiosidades de Londres que Enric menciona en su libro. Hay muchísimas más, pero yo solo voy a mencionar brevemente las que más se ajustan al estilo “Mar de los Sargazos” (es decir, las que más me han gustado).

1. Hyde Park es enorme, pero eso se debe realmente a que de verdad son dos parques: Hyde y Kensington Gardens. El “lago” que hay en medio del parque y que tan agradable hace el paseo, “The Serpentine”, es, en realidad el único tramo no soterrado de un afluente del Támesis, el Westbourne. La mayoría de los ríos de Londres se han soterrado y/o convertido en alcantarillas, pero The Serpentine es una excepción a ésto, al menos en un tramo.

2. La red de Metro de Londres es apabullante, incluso si vienes de Madrid, de Berlín o del D.F. (si vienes de Paris, N.Y. o Tokyo no creo que te impresione), y la densidad de estaciones y líneas es grande. Resulta un poco caótico por momentos, pero todo es acostumbrarse. Poca gente sabe que además de los túneles del Tube (valga la rebuznancia, pero quería mencionar que es uno de los pocos sitios del mundo donde al Metro no se le llama Metro) hay otras tres organizaciones que tienen sus propios túneles. ¿Alguien adivina cuáles? El muy eficiente servicio de Correos, el Banco de Inglaterra y Harrods. La línea de Harrods une su “tienda” de Knightsbridge con unos almacenes que tiene muy cerca de Hyde Park, y el Banco de Inglaterra se evita con este procedimiento muchos disgustos en materia de seguridad.

3. Habla de una historia que todos conocemos, pero que casi nadie ha leído en su versión original: Peter Pan, por J.M. Barrie. Creo que habría que leerla cuanto antes. Yo estoy absoultamente contaminado por la adaptación Disney de la historia, y luego por la secuela de Spielberg. En la historia de Barrie, el malvado Capitán Garfio (Hook) tiene vida real, y de hecho es un “personaje muy importante de la sociedad”, y por eso Barrie no revela su nombre verdadero. No obstante, se nos cuenta que Hook había estudiado en Eton. Ardo en deseos de leerlo.

4. La anécdota que os conté el otro día de Cable Street lo saqué de aquí, como ya dije. La fundación del Carnaval de Notting Hill también, aunque para este post tuve que apoyarme un poco en la wikipedia.

5. Enric González cuenta muchas anécdotas sobre el sistema político y judicial de Inglaterra. En un determinado momento, hablando de las diversas instituciones inglesas, Enric nos menciona su convencimiento de que este país es una “dictadura parlamentaria”, es decir, un sitio donde el que controle el legislativo, también controlará al ejecutivo y al poder judicial. Por otro lado: la fórmula empleada para condenar a alguien a cadena perpetua es decir que “permanecerá en prisión mientras su majestad lo quiera (at Her Majesty’s pleasure)”. O que el rey no puede pisar la Cámara de los Comunes. Y tampoco puede entrar en la City sin el permiso del Lord Mayor.

6. Los toshers, o poceros eran una casta aparte en el Londres victoriano. Eran los habitantes de las cloacas, que conocían a la perfección, y a falta de un conjunto de mapas del alcantarillado de la ciudad, eran el unico recurso de mantenimiento del sistema. Gozaban de una cierta prosperidad económica porque recuperaban auténticos tesoros en las alcantarillas (joyas, relojes, cualquier objeto perdido que acabara en las cloacas), pero no eran muy populares en la sociedad británica, ni siquiera entre las clases menos pudientes. Los toshers aprendían el oficio de sus padres y familiares, y solo eran toshers quienes los toshers querían que lo fueran. Tengo entendido que esto ya no es así.

7. Por último, Enric González nos cuenta la historia del primer túnel bajo el Támesis. Creo que en la actualidad hay 17, pero a mediados del siglo XIX no estaba muy claro que fuera posible excavar por debajo del lecho del río. El ingeniero responsable del proyecto se llamaba Brunel, y su compromiso con la obra fue digno de elogio. Hubo bastantes muertes en la obra, y otros muchísimos contratiempos. Costó bastante más de lo que estaba previsto, pero al final este tunel une las estaciones de Rotherhithe y Wapping.

Este post tenía dos intenciones. La primera, contagiaros parte de mi devoción por Londres, y la segunda, recomendaros un libro que, aunque parezca que os lo he contado entero, tiene muchísimas más cosas. No dejéis de leerlo.

Bibliografía: Historias de Londres. Enric González. RBA Editores.